viernes, septiembre 01, 2006

TOCANDO LAS PUERTAS DEL CIELO

Me es común ver a personas golpear a mi puerta en la mañana, al mediodía y en la tarde. Madrugan como quien va a la oficina de ocho a seis y si dudo un solo paso de la caminata casa-micro me llenan de folletos. Se visten de corbatas y usan ese característico bolso donde esconden la solución de todos mis males. Míos y de toda la humanidad, “of course”. Andan siempre de a dos: mujeres, niños y adultos. Todos en un trabajo que se parece a cualquier otro. Hablan amablemente siempre y cuando no se les contradiga. Conocen muy bien su discurso y no dudan un momento en responder a todas tus preguntas por más ridículas o tontas que sean. Pero en el fondo son personas normales, como tú, como yo, como cualquiera.


He visto a otros en el paseo Ahumada, en la micro y en el metro. Son muchos más exóticos, por decir lo menos. Tienen la cabeza rapada y usan cola. Se visten con túnicas llamativas, comúnmente de color rosado. Repiten una y otra vez un canto estilo oración llamado mantra, y bailan en éxtasis, como si todo les importara un comino. “Excelente actitud, pienso”. Me han ofrecido algunas veces libros de comida vegetariana, pero prefiero la carne. Me han ofrecido una que otra vez su incienso, a excepción del olor limón, prefiero pasar. Cometieron algunos errores sexuales en el pasado, en Estados Unidos, en la época de la contracultura, donde estuvieron muy de moda, pero eso ocurre hasta en las mejores familias ¡por favor!, ¡no seamos tan poco tolerantes! No tiremos la primera piedra, ¿ok?, pero no te asustes, en el fondo son personas normales, como tú, como yo, como cualquiera.


Otros son altos y rubios de ojos azules en su gran mayoría, como sacados de una producción Hollywoodense, por supuesto, que trate del ejercito Nazi y de la segunda guerra mundial. Visten de camisa blanca, corbata negra y pantalones del mismo color; todos tiene un distintivo en su camisa que dice “Elder”, que no se que significa realmente. Saludan a lo que se le cruce por delante, tienen un aire simpático, inocente y virginal. Aunque he leído sus libros y creen en una vida más allá de la muerte, un cielo, bueno son tres en realidad, donde se va a tener sexo todos los días y a cada rato. Y me pongo a pensar… interesante opción, muy interesante.


Estas figuras se confunden en nuestro diario vivir. Algunos nos parecen más ridículos, más graciosos, más indiferentes o más detestables, pero dentro de estas caras comunes se encuentra un trasfondo un tanto mas profundo de lo que aparenta. ¿En el fondo son personas normales, cómo tú, cómo yo, cómo cualquiera?


No es extraño en al actualidad se nos presente cursos de crecimiento personal, opciones naturales de cura a enfermedades, una vida sana y alternativa, mente cuerpo y espíritu se nos presentan de las formas más variadas. No tiene nada de malo, en lo absoluto, comer sano, hacer ejercicio, pertenecer a una comunidad, creer en algo distinto. ¡Por qué no podemos cuestionar un poco la tradición! , pero no… no se puede, se nos obliga a creer. En este mundo tan globalizado tener un poco de compañía no esta mal, en una vida que a veces se hace un poco solitaria, donde los pensamientos individuales pasan al olvido, donde tu opinión a las autoridades les importa menos que un comino; pedimos a gritos ¡ey! ¡Necesitamos pertenecer a algo!, por más irracional que parezca, que no se nos crucifique por eso. Un escritor decía: “siempre hay que elegir entre lo malo y lo peor”, y creo que tenía razón. Pero, ¡escucha!, ten mucho cuidado la próxima vez que alguien golpee a tu puerta, que alguien te salude en la calle, sobre todo si no parece chileno. Ten mucho cuidado cuando estés prendiendo aquel incienso olor limón, o caminando tu deliciosa comida vegetariana, ¡Stop! Puedes estar formando parte de una secta.

YO CRISTO

Su figura delgada y algo mística, al mejor estilo del “Jesús de Nazaret” que vemos en las películas de semana santa, le ayudaba mucho. Tenía grandes dosis de carisma en su sangre; logró reunir una buena cantidad de seguidores que veían en él un ser superior y especial, “un iluminado”, un tipo en el cual puedes confiar tus secretos, tus sueños, tu mujer, tu billetera; él jamás intentaría algo en contra tuya ni de nadie. Por supuesto una persona del todo “inofensiva” Reunió a sus seguidores en un rancho llamado “El Monte Carmelo”, en Waco, cerca de Texas. Muchos de ellos eran ex integrantes de los Adventistas del Séptimo Día y de Identidad Cristiana, grupo muy conocido por su influencia racista en los Estados Unidos. Al mirar su barba y lentes “setenteros” podías ver a un tipo normal, pero tenía una rara afición religiosa. Solía estudiar e interpretar con fanatismo el libro del Apocalipsis del cual extraía sus extrañas teorías escatológicas. Su nombre era: Vernon Wayne Howell, conocido como David Koresh, líder de la secta de Los Davidianos. Solía decir: “si la Biblia es cierta, yo soy Cristo”, suena a una frase irónica hecha por un ateo, pero ¡no! ¡El creía que la Biblia era cierta! Pero este Mesías que venía por segunda vez, era un poco distinto al que vino hace unos dos mil años atrás. Su misión esta vez era totalmente diferente, ya no venía como un Jesús sin pecado, no, al contrario, esta vez venía a probar los “deleites del mundo” para entendernos mejor,“ gracias, David koresh, por el gran sacrificio”. Y no lo podemos “crucificar” por ver televisión, comer bien y tener sexo con mujeres jóvenes, ¡perdón! Quise decir menores de edad. No, él era dios y cuando dios hace eso ¿Quién eres tú para contradecirlo? ¡nada! Lo peor de esta historia y como la mayoría de las historias en la vida real, el final no fue muy bueno. koresh ¡perdón! Cristo, moriría esta vez no en una cruz, sino con un tiro en la cabeza y envuelto en llamas, al mejor estilo de película de acción “clase b”, y tampoco con un ladrón a cada lado, sino con 85 personas, entre ellos, hombres, mujeres y niños. Todo esto cunado Agentes del Gobierno de Estados Unidos intentaran ingresar al rancho tras 51 días de conversaciones, desde que se solicitara una salida a “Los Davidianos” por tener fuertes sospechas de que dentro del rancho se estaban fabricando ametralladoras. Pretexto que sirvió al Mesías para decir a sus seguidores que se avecinaba el fin, pero que esta vez morirían en el fuego, no del infierno, “por supuesto”, y que nos e preocuparan, que por haber sido fieles a su dios gozarían de grandes privilegios en al próxima vida. El incidente ocurrió el 19 de abril de 1993, se han cumplidos diez años de aquel suceso. Algunos todavía esperan que David Koresh regrese por tercera vez, les deseamos muy buena suerte.

LÍDER GURÚ E ILUMINADO


Las sectas están formadas por hombres a los que se les revela una nueva y mejorada versión de la “verdad”, todo a precio módico. Puede costarte el cielo o el infierno. Vienen en todos los colores y en todos los tamaños, pero poseen características similares entre sí. Tienen una relación tan cercana con Dios, que a veces se invitan a comer y a tomar el té, se hablan de tú a tú. Vienen al mundo a rescatar a las personas de las garras de la corrompida y sucia religión tradicional, y como mensajero de dios ¡escuchen bien! O como el mismísimo Dios en persona, ¿escucharon bien? Vienen a poner las cosas en su lugar. Y nos gritan: ¡Hasta cuando las malas interpretaciones de la Biblia! Muchos de ellos escriben sus propios libros, por cierto, dignos de un Nóbel en literatura o un Pulitzer, a los que atribuyen revelación divina, o hacen lo que ellos llaman: una correcta interpretación de la Biblia. Todos poseen una personalidad carismática y encantadora, lo que seduce a sus seguidores y los hace depender totalmente de él. Las personas que ingresan a una secta nos son personas tontas o fáciles de convencer, como se podría llegar a pensar, podrías ser tú o yo, aunque prefiero que seas tú, en todo los casos. Las sectas utilizan a menudo mecanismos de persuasión, pero también lo hacen apuntando a carencias del individuo que religiones más tradicionales no consiguen llenar, ¿en qué estamos pensando, Juan Pablo? En un primer acercamiento las sectas no presentan sus doctrinas chocantes, esperan con paciencia hasta convencer bien a sus prosélitos, y al llegar a ese punto, todo esta listo. Las sectas poseen las respuestas precisas a todas las preguntas, por lo que dan un aire de seguridad al futuro integrante. La sensación de grupo es evidente dentro de una secta. Todos son amigos y se preocupan unos por otros, lo que les da un mayor grado de pertenencia a sus adeptos, los que deben contribuir con trabajo, ya que muchos deben ganarse su salvación aportando: sus esfuerzos intelectuales, físicos y monetarios.

UNA HISTORIA UN CUENTO

Existen infinidad de historias que dan origen a sectas y religiones, pero una realmente buena es la de los mormones. Los mormones tienen en su poder el “verdadero” evangelio, según sus propias palabras no hay salvación fuera de su iglesia, ¿quién sabe dentro? Creen que todos vamos a ser dioses y que incluso dios fue una persona de carne y hueso que ahora gobierna el mundo, su nombre es Elohim y tiene muchos hijos, pero dos de ellos tienen credencial de famosos, Jesús y Satanás, al que le dicen de cariño el diablo. En este momento debe estar teniendo sexo con algunas de sus esposas celestiales, ya que deben poblar al mundo de hijos espirituales los que nacerán en familias de raza blanca, por supuesto. El castigo de dios es que estos nazcan con piel oscura. Si Hitler estuviera vivo, probablemente sería mormón, no cabe duda. Han sido acusados de poligamia, aunque ellos lo niegan, pero teniendo la concepción de cielo que ellos tienen, ¡todo es posible! ¿o no? Se bautizan por los familiares muertos que no tuvieron la posibilidad de escuchar el “verdadero” mensaje, así que ambos obtienen la salvación que viene por medio de las obras, sinónimo de bautismo. El libro del mormón, que según el profeta y creador de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días, José Smith, recibió de el ángel Moroni para que este lo tradujera, “es el más correcto que hay sobre la tierra”, pero esta afirmación no es del todo válida, ya que en las primeras ediciones del libro se hacía mención a brújulas y a ventanas de vidrios en una época donde tales adelantos no existían. Pero es la revelación de dios, y si su máximo profeta lo dice, bueno, tendremos que pensarlo.

Dicen que todos los caminos llevan a Roma y que las personas tienen el derecho de elegir el camino que más les acomode. Hay caminos que a los hombres les parecen rectos, pero al final las consecuencias están a la vista. Por mi parte estoy parado en Walker Martínez con Avenida La Florida y creo que no iré a ninguna parte…por ahora.

martes, julio 18, 2006

LA MENTIRA DE TROTSKI

Recuerdo el viaje en tren y las caras de las personas que viajaron con nosotros. Todos tristes. No entendía mucho, era el día de mi cumpleaños. Ese día conocería a mi abuela, aunque ya la había visto una vez en la librería de mi papá. Era tan linda como mi madre. Yo quería un carro tanque de regalo que era lo único que me importaba en ese momento, en lo único en que pensaba. Un carro tanque de verdad.

Recuerdo también algunas caras. El tosco sonido de las palabras de los alemanes y sus trajes militares de color plomo, sus botas brillantes, sus caras, tan blancas y de facciones tan duras. Lo que más me impresionaba eran los gritos, aún recuerdo los gritos. En ciertos días fríos siento ecos en mi cabeza, esas voces, ese idioma que no comprendía y que no sonaba nada amable. Recuerdo hombres llorando y la mentira de que los hombres no lloran. El pan una vez al día que devoraba rápidamente casi sin pensar en el pan. Sí, el hambre también. Recuerdo que no había mujeres, y los niños que llegaban desaparecían después de un tiempo en las filas de las duchas, y el olor, otra vez el olor. Y más niños, y menos niños y sólo yo. Y más niños y menos niños y otra vez sólo yo. Desarrollé imaginación en esas literas. Era tan duro dormir, tan difícil. El ronquido de algunos, los quejidos, las pesadillas. Moverse de un lado hacia otro intentando encontrar el mejor lugar que no era ninguno. No había mejor lugar en ese lugar delimitado con alambres y púas, inundado de metralletas y gritos. La frontera imbatible de la supremacía aria. Al causante de todo no lo conocía en esa época, no conocía la guerra y no entendía mucho lo que era la paz. No entendía la izquierda ni la derecha, para mi era las manos que ocupaba al escribir o al comer, no veía mayor diferencia entre el blanco y el negro, entre el judío o el alemán.

Recuerdo que una vez un hombre me dijo que con nosotros hacían botones y jabón. Le pregunté a mi padre y el respondió que era algo ridículo, era imposible que de un hombre saliera jabón y botones. Ahora, cuando los días son distintos, cuando todo es más triste y tenue, me es difícil lavarme las manos o siquiera abrocharme la camisa o un abrigo. Sí, los botones y el jabón, también recuerdo eso. Aun recuerdo el humo que se movía lento por el campo, y ese olor como a carne que se pegaba en la ropa, que no se sacaba con nada, ese olor que con el pasar del tiempo era parte de nosotros. No me gustaba bañarme. Ahora pienso que tuve suerte de no entrar en las duchas con esos niños, ancianos y mujeres.

Los puntos y el premio: un carro tanque. Todo consistía en ganar y ganar puntos, mil en total. Yo debía permanecer callado y escondido mientras mi padre jugaba durante horas. Días enteros en los que solía llegar cansado, días en los que jugaba más que una cantidad de puntos en un juego que sólo existía para nosotros. Días en los que se enredaba con la muerte que patrullaba la alambrada con su traje, casco y metralleta. Y él en su mano la suerte que no lo abandonaba, la mano del mismo brazo en donde le tatuaron un número, todo para construir ese castillo de mentiras que años más tarde se derrumbaría, no con más pena que alegría, no con más alegría que pena. Mi padre, que era el encargado de convertir las pesadillas en sueños, de matizar con belleza y alegría ese infierno.

Una vez se paró delante de todos e hizo de intérprete de un soldado alemán. No entendía nada de alemán, pero su traducción fueron las reglas de nuestro juego. Recuerdo observar eso atento y sorprendido, con los ojos bien abiertos para entender todo. Es que quería mucho mi carro tanque, y ese lugar y mi cumpleaños y mi madre que no la veía hace tanto. Recuerdo cuando llegaba cansado con la cara manchada y me contaba lo difícil que había sido la prueba de ese día, pero que con su esfuerzo y con mi dieta de no exigir merienda, habíamos alcanzado el primer lugar. Algunas veces, cuando estaba asustado, me quería ir. Decía quiero irme, quiero irme. Y mi padre, siempre me convencía de seguir adelante hasta lograr los mil puntos.

Y recuerdo, pero no se si fue un sueño. Caminando en los brazos de mi papá en medio de una neblina, el me hablaba cosas que ahora he olvidado con el paso del tiempo, ahora que estoy más alto y mi voz a cambiado, ahora que me parezco más a él, o así quiero yo que sea, no sé, lo miro una y otra vez en las fotos viejas que guardo en mi cajón. Me decía que todo era un sueño, que al día siguiente nos despertaríamos juntos y en casa. No se si fue un sueño esa noche, esa noche que fue la ultima que vi con vida a mi papá. Mi padre, que era el encargado de mezclar la vida y el juego, de salpicar con su alegría el campo de la muerte.

Mi papá no dejó de jugar nunca el juego de la vida bella en ese infierno. Ahora esos recuerdos encajan como piezas en un rompecabezas. Hasta el último momento cuando camiones llenos y camiones desocupados cruzaban una y otra vez el patio. Y disparos, disparos toda la noche. Alemanes corriendo de un lado hacia otro, corriendo y gritando y actuando rápido, eliminando las pruebas que los podrían inculpar. Ya era demasiado tarde, la historia y mi pueblo no los perdonaría. Hasta el último momento mi padre estuvo con vida y siguió y siguió diciendo que el tanque ya era nuestro, que habíamos logrado los mil puntos, que debía permanecer callado y ocultarme hasta la mañana siguiente en una especie de mueble que tenía una pequeña abertura en donde observé el caos toda la noche, ahí, en ese lugar, vi a mi papá por última vez. Pasó marchando con un pañuelo en el pelo, junto a un oficial del ejército Nazi. Cuando pasó por donde estaba yo, me miró y me cerró un ojo en señal de complicidad. Ahora sólo faltaba esperar hasta que todo fuera silencio, hasta que nadie se moviera, y así fue. La mañana siguiente fue distinta a otras y es lo que más recuerdo de todo. El tiempo a veces va borrando caras sensaciones y olores, a veces ese tipo de cosas no se borran nunca. A pesar de todo ese es el día que más recuerdo. El silencio de aquella fría mañana, el tanque que atravesó el patio del campo de concentración con el soldado americano; mi tanque, ese era mi tanque porque mi padre dijo que habíamos ganado, que lo habíamos hecho juntos. Ese fue su regalo, ese fue su sacrificio por mí y por mi madre. Mil puntos para morirse de risa. Ganamos más que un tanque. Ahora cuando los días no son tan silenciosos, cuando un tanque ya no cruza el patio de ninguna parte. Ahora que mi padre no está. Ahora que yo soy papá. Ahora que todo esto es una mezcla de sueño y alegría, cuando era niño y no me di cuenta de muchas cosas, porque qué niño debería darse cuenta de ese tipo de cosas, ninguno. Si bien recuerdo, es ahora donde todo tiene esa forma amarga y triste, esa forma que tiene la vida, que parece los bordes de un vaso roto manchado con sangre, pero allí la vida era otra, la vida era bella en esos años, no tenía esa máscara oscura ni ese cristal que no deja ver.

miércoles, mayo 10, 2006

LA TRINIDAD INVERTIDA

Uno más oscuro, el primero, jugaba entre el blanco y el negro, clavado como un mástil gritaba al mundo su sátira, envuelta en líneas y dibujos mágicos, pesadillas y demonios enmascarados con luces y sombras. Y los ojos de esos dibujos parecían los ojos y el rostro de un esquizofrénico que espanta sus fantasmas batiendo las manos cerca de una cruz roja, de una cruz de sangre que carga sobre sus hombros. Lo más impresionante fueron los ojos que se escapaban de las orbitas, y ya no era un cuadro era un espejo, lo pude ver en el reflejo de luz que chocaba frente al cuadro. Sus ojos eran mis ojos. El cielo de este infierno era de un suave color rosado y se mezclaba con el azul de de los pilares que sostenían ese cielo. Este era el primer piso y el comienzo de la peregrinación. Los límites eran unas cuerdas que encerraban todo como en un ring de boxeo, y éramos boxeadores sin ánimo de golpear y con los brazos rotos, preparados para recibir los constantes y rítmicos golpes del destino. Y así avanzábamos, me resistía a seguir la fila. Soy rebelde hasta en el infierno, pensé. Mientras a nuestro encuentro salían celestinas y prostitutas entre risas y falsedad, con su alma en base a tonalidades de grises que se plasmaban en marcos de color café, unos más grandes que otros. Afuera el sol estaba alto y permanecía estático en su agonía. Adentro el aire era fresco y se respiraba bien, el calor no era una virtud de este lugar. Un buen ambiente para arder en las llamas de la extinguida indolencia. Y seguí caminando y mis pasos cada vez más lentos y mis ojos se movían para captarlo todo, y no podía detener la sonrisa que flotaba entre aquellas luces, se escapa, solo quería huir y fundirse en las paredes del lugar. Al llegar al final del primer nivel los toros y los toreros tomaron protagonismo. Y son los recuerdos los que estallan del muro y yo no tengo traje ni piel de torero, y soy tan descoordinado que no intento hacer una media verónica por temor al ridículo. La onda expansiva del arte me atrapa y no cierro los ojos para no perderme el final del primer nivel.

Bajar no fue una tarea ardua, mas bien bajar el siguiente nivel fue un sueño. Al final de las escaleras que conducían al segundo viaje de nuestra peregrinación pude ver al segundo dios: en blanco y negro, con los ojos abiertos y los brazos cruzados sentado en un trono permanecía observando su reino y sólo dejaba entrar a los que se habían atrevido a llegar hasta allí. Y este era un dios más musical que combinaba sus acordes con poemas de colores, con palabras de colores, con la métrica exacta del surrealismo. Y así era él, colores y manchas escupidos con la fuerza del arte, que emerge y sobrevuela con la cotidianidad de lo inalcanzable, del primer pensamiento como único y mejor pensamiento. Y rectángulos y círculos, y en ellos sólo una vez el amarillo. No puedo dejar de observar la mancha del primer cuadro de la esquina, e imagino que ese fondo negro y esas imágenes fueron arrancadas de los sueños de este músico, y que esos trazos son lo que se esconde en la cabeza del dios, y él rasgó ese velo para mostrarnos su cerebro abierto, en la lobotomía del sacrifico artístico. Y se desangra como todo, pero su sangre al igual que sus acordes son tan puros y transparentes como la mejor sinfonía de Mozart. Y un par de personas se acercan y uno le dice al otro, ¿qué significa esto? El otro observa detenidamente y responde: no significa nada. Y eso si que es ser un rebelde metafísico en el mismo infierno, aunque pienso que es mas temor e ignorancia, se parece más a la cobardía del que no quiere sentir. Y percibo en el suelo un quejido, y pienso que es el dios musical del segundo nivel que se retuerce en su tumba. Que se muerde los labios por semejante ofensa, pero son sólo los peregrinos que me acompañan en el viaje, no hay nada que temer. Y al terminar el segundo nivel no dejó de contar las palabras, cuento los colores como un matemático que descubre los número en algo tan lejano como el mar. Abandonó el dios musical del segundo nivel que envuelve las paredes con su arte, pero me llevo conmigo la sensación visual de su poesía, el ritmo de sus palabras, el color de su métrica, los sueños como ideas escupidas desde el inconsciente. Dejo las paredes y al segundo dios que me recibió en las escaleras.

Y no necesito bajar a otro nivel. El tercer dios permanece ahí, su altar es el centro del segundo nivel y los peregrinos entran ahí. El dios del sexo basa sus dibujos en el placer y en el poder de las mujeres. Más celestinas y prostitutas salen al camino, hablan con caballeros y disfrazan sus palabras, esconden sus intenciones en el interior de sus cuerpos, es en la esencia que habita en sus cuerpos, transable por una tarifa de común acuerdo. Trazos que se funden en el aguafuerte, pequeñas imágenes muestran situaciones de su tiempo, porque el dios del erotismo está tan pegado a su tiempo que es uno. No hay diferencia entre él y sus contemporáneos, salvo que él no teme expresarse; al contrario, deja salir de su interior su humor negro y su crítica que se disuelven en las trincheras de sus dibujos. Y en medio de todo esto un personaje cabalga es su rocín en el Barcelona suite, tan loco como siempre. Él también esta allí, un infierno no podía ser mejor, no podía faltar el caballero de la triste figura y su fiel escudero. En este lugar no hay doncellas, pero me temo que pueda encontrar una que otra dulcinea a un buen precio. Y ya termina el altar del tercer dios, al final pude ver su rostro y sus ojos, dos grandes bolas de fuego fatuo que invitan, pero advierten que el paso por este último lugar no será fácil.

miércoles, febrero 08, 2006

HAGAMOS AL HOMBRE A NUESTRA IMAGEN

En una pequeña oficina de color claro con un fuerte olor a flor marchita, una imagen del Cristo crucificado cuelga de la pared, su cara muestra el dolor de una vida en sacrificio por la expiación de nuestras iniquidades; junto a Él, un cuadro de la madre del “todopoderoso” que marca en forma clara el territorio santo en el que me encuentro. Estoy a punto quitarme los zapatos y hacer una reverencia. Me imagino una voz como el trueno que baja del cielo y me dice: ¿Quién eres tú? ¿Qué haces aquí? El Santo Padre está en una esquina de la habitación en una fotografía a color, el blanco de su vestimenta me hace pensar en mi vida pecaminosa, creo que él debe meditar en lo mismo, el blanco le debe hacer pensar en su vida pecaminosa. Sigo con la sensación de que alguien me observa, debe ser mi imaginación, sí, debe ser mi imaginación. Frente a un escritorio moderno de color café hay unos cuantos papeles en perfecto orden, en un orden casi enfermizo. Un celular de última generación le da el toque justo de modernidad y contrasta con la intención austera que pretende proyectar la oficina. Otro cuadro, que representa el camino del bien y del mal cuelga de la pared. Un camino ancho, lleno de bares, violencia, peleas callejeras, prostíbulos, muertos. Mucha gente va caminando por la gran avenida, la avenida de la muerte. Caminan como si nada, incluso hay sonrisas en sus caras, van alegres y casi bailando, disfrutando en plenitud la dulzura amarga de la vida. No se dan cuenta que al final del camino hay una gran fogata, una celebración, asado al que están todos invitados como plato principal. El otro es un camino angosto. Muy pocas personas han elegido caminar en el. A medida que avanzan el camino se hace cada vez más empinado y se nota que las personas van cansadas. A pesar de todo van alegres y dispuestos a seguir adelante. Al final del camino hay paz. Una gran nube encierra un paraje desconocido. Da la impresión de querer estar en ese lugar. Un ojo desde el cielo observa todo esto. Es un bonito cuadro. Observo mi reloj, el padre se ha demorado demasiado. Voy atrasado en el camino de la salvación y él también. Pienso en tomar asiento o tomar lo que sea, si no es mucha molestia que sea doble y sin hielo. De pronto la memoria empezó a volar. Recuerdo cuando me senté en el papa-móvil en una visita al museo de carabineros, con la hija de un importante pastor evangélico. El carabinero encargado del recinto me dijo que unas monjitas se habían sentado en el mismo asiento que ocupo el Papa en su visita a Chile; habían sentido una sensación especial, diferente, mística y que lloraron afectadas, pero no de dolor como Cristo hace dos mil años, sino con la alegría de ese popular éxtasis religioso, de tocar con el culo el mismo asiento que toco ese culo santo, ése culo especial, ese culo ahora idolatrado, perdón, venerado. Luego pensé: mi culo no es tan santo como el de ellos, pero hice la prueba y me senté. El asiento era blanco, bastante cómodo y tenía un micrófono a la altura del pecho. Hice el intento pensando en que lo que estaba cometiendo era un sacrilegio. Esperé por mucho tiempo, intenté con el corazón creer que debía sentir algo. Después de largos minutos, y con el peso del pecado en la espalda, no sentí nada. El padre llegó tarde y apurado mirando su reloj de marca. Me miró y lo saludé de manera formal con un buenas tardes; me dijo que me dejara de formalidades con él, que él era más liberal que los otros curas. Era un tipo joven y alto de mirada sincera. Tenía unos grandes ojos café que parecían conocerlo todo, una porción de infinita sabiduría se había posado en su mano, era un tipo relajado y se notaba comprometido con la ayuda social y todo ese tipo de cosas. Sonreía todo el tiempo con alegría. Rápidamente saco una cajetilla de la camisa y encendió un cigarro llenando de azul la pequeña oficina con aires de pobreza, tosió un poco y expulsó una pequeña cantidad de humo. Observé el humo que se diluía lentamente. Tomé mi pauta con las preguntas que había preparado para la entrevista y la guardé... no la necesitaría.

Era difícil empezar. Tomé aire y humo y le dije:

-¿No cree que el Papa ya esta muy viejo para seguir en su cargo? Pienso que todos tenemos que cumplir nuestra vocación hasta el final. Creo que si él piensa que lo puede realizar de la mejor forma, está bien. -¿No se va a poner a discutir con el jefe, cierto?-esbozó una sonrisa disimulada, escondiendo en el fondo que la pregunta le incomodaba. No era tan liberal como me dijo, pensé. No, por supuesto, respondió.

-¿A usted le gustan los niños? -Sí. ¿Parece que algunos colegas suyos también?- Los casos de pedofilia son casos aislados, puntuales. La iglesia en cierta forma se equivocó. ¿En cierta forma? ¿No cree que en muchas formas, o por lo menos, las suficientes? -Se tomaron las medidas en los casos, como te dije, puntuales, y no volverá a ocurrir. Me respondió evitando mis ojos, tratando de desviar su mirada hacia algo que no existía. Supuse que miraba a Dios, y medité en que Él era el que apartaba la vista ahora. Ni yo lo creía, y el tampoco se creía a si mismo, y se supone que él era el que tenia fe, yo la había extraviado por ahí, cerca de la tumba de platón. Ojalá que sea cierto, pensé, los niños de Chile y el mundo se los iban a agradecer.

La iglesia siempre da su opinión en todo. ¿No cree que, a veces, debería quedarse callada? ¿No se les ocurre pensar que a la gente, en algunos casos, pueda no importarles?-Existe una gran mayoría que cree en nuestra opinión o le interesa conocer la postura de la iglesia referente a temas de interés valórico. Chile es un país en su mayoría católico y en un mayor porcentaje cristiano. Por supuesto nosotros somos un referente a la sociedad. Lo dijo todo con cierto aire de triunfo, aire de triunfo que se diluía y se apagaba como el cigarro que tenía en su mano.

Después de un tiempo comencé a aburrirme de sus respuestas. Entendí que ustedes también se aburrirían y no continué con el infierno. Había que darle la extrema unción al aburrimiento y eso hice.

En al actualidad cada uno ve a Dios como quiere. Realmente creo en Dios, en lo que no creo es en sus representantes. Son tan humanos como cualquiera; por lo tanto, tan pecadores como yo. Si no me creen, que alguien lance la primera piedra. Si piensan que no soy tolerante, ¡a quién se crea que es tolerante! Voy a lanzarle la primera piedra por el culo, ven, ¡ no soy tolerante!

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén